Sobre Género y ciudadanía, mujeres y Constitución

En esta ocasión, LaGuachimana.org reproduce el artículo Género y ciudadanía, mujeres y Constitución de Mar Esquembre en cuyo estudio se introduce magistralmente la perspectiva de género en el derecho constitucional. Se trata de un análisis crítico sobre cómo la consagración de la igualdad en las Constituciones y su desarrollo normativo no han posibilitado la erradicación de la situación de desigualdad de mujeres y hombres, y cómo el concepto de ciudadanía no permite el disfrute de derechos fundamentales a las mujeres porque éstas más que iguales son concebidas como complementarias a la idea de sujeto de derechos. Así, la autora sostiene que el reconocimiento de las mujeres como sujetos de derechos no se ha completado.

Partiendo del Renacimiento, Esquembre explica el nacimiento del sujeto en el ámbito jurídico-político y su origen relacionado con la legitimación de exclusiones lo que se ha mantenido hasta la actualidad mediante la ciudadanía. Una de estas exclusiones está referida a la mitad de la especie humana: las mujeres.

Manifiesta que el sujeto jurídico nace con la ruptura de la correspondencia entre norma y realidad y que dicho nacimiento se produce en dos ámbitos: en el privado (mercado) mediante la capacidad jurídica y de obrar (reconocimiento de la autonomía de la voluntad, capacidad para contratar y para ser propietario), y en el ámbito público (ámbito de decisión y exigencia de derechos) a través de la ciudadanía. Así, su aparición se da sin tener en consideración su sexo y obviando la construcción social del género. Ello, desvela la exclusión de las mujeres de este concepto de sujeto pues con la modernidad y las revoluciones liberales, dicha ruptura se produce en todos los ámbitos salvo en uno: aquél más íntimo en el que la relación entre los sexos es presupuesto de su existencia a través de una institución secular: el matrimonio . En este ámbito no se produce transformación alguna. Este espacio sigue intocable, oculto e ignorado por los cambios sociales, políticos, económicos y jurídicos.

La autora resalta además, los grandes defectos de la igualdad formal del constitucionalismo liberal y los “parches” que puso en práctica el constitucionalismo del estado social encubriendo una realidad desigual puesto que son las mujeres las que asumen obligaciones, servicios y cuidados, en definitiva prestaciones sociales que deberían ser responsabilidad pública.

Esquembre afirma con rotundidad y, con razón, que la emancipación de las mujeres debe pasar por la reformulación del pacto fundante, de nuevo, del Estado, esta vez sí, social. Y, sostiene la necesidad de reformar la Constitución a fin de incluir como sujetos políticos y jurídicos a las mujeres para posibilitar la configuración de las relaciones humanas en igualdad.

Estudios como éstos enriquecen el método de estudio del derecho que debe responder al nuevo concepto de igualdad, pues la igualdad no es un concepto estático sino evolutivo como lo son el conocimiento mismo y el derecho. El contendido de este artículo sirve también para el análisis de los vicios que existen en cuanto al significado de ciudadanía en las democracias hispanoamericanas donde son diversas las poblaciones que están marginadas y discriminadas por la igualdad formal que recogen sus textos constitucionales. Por ejemplo, además de las mujeres, aquellas poblaciones denominadas “indígena” y afrodescendiente. Las discriminaciones por raza o etnia y sexo aún determinan la organización de las sociedades y ambas tienen similitudes. No hay que olvidar que es el pensamiento feminista que apela a la auténtica universalización de los valores democráticos (las sufragistas impulsaron el abolicionismo, fueron las mujeres que combatieron contra la esclavitud). La perspectiva de género es la vía para la construcción de un derecho más igualitario.

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