A propósito del Doctorado Honoris Causa de Mario Vargas Llosa en la Universidad de Alicante

El pasado 26 de septiembre, el peruano Mario Vargas Llosa fue investido como Doctor Honoris Causa en la Universidad de Alicante. A propósito de estas investiduras cabe preguntar si quienes toman la decisión de otorgar tan alta honorabilidad en nombre de una comunidad universitaria han tomado en cuenta la igualdad de mujeres y hombres, que por ejemplo en España, es ya un derecho que ha de ser efectivo por mandato no sólo constitucional sino también por Ley Orgánica 3/2007. Al respecto es interesante el breve artículo La normalidad como meta en el cual su autora Mar Esquembre nos ofrece un repaso del sistema universitario español desde la perspectiva de género.

Sobre la desigualdad, aún evidente, de mujeres y hombres a pesar de contar con un instrumento jurídico desde hace ya más de un año, la “tradición” de la academia cargada de prejuicios por sexo sigue pesando a la hora de decidir la repartición igualitaria del poder. A día de hoy en los órganos de gobierno de las Universidades no hay una representación equitativa de ambos sexos y son precisamente estas altas instancias desde donde se deciden la concesión de los Doctorados Honoris causa que, por sus resultados, permite constatar objetivamente la escandalosa ausencia de mujeres no obstante, existir en este siglo, determinadas áreas de conocimiento donde las mujeres han superado el currículum de muchos Doctores Honoris Causa investidos, es el caso de las ciencias sociales y jurídicas y humanidades.

Ya que se habla aquí de un Doctorado Honoris Causa a un peruano, cabe revisar muy brevemente cómo anda el sistema universitario peruano en cuanto a igualdad de mujeres y hombres. Según la Asamblea Nacional de Rectores, en el Perú hay 28 universidades públicas y 41 privadas. Éste es el crudo reflejo de la realidad neoliberal que ha invadido a la educación peruana. Tomando en cuenta el contexto actual, se supone que determinadas universidades privadas son las “más prestigiosas”, por lo que, las públicas además de sufrir la marginación de parte de los gobiernos y por no disponer de recursos económicos son opacadas por el “prestigio” de las universidades privadas. No obstante ello, revisando los datos que ofrece la Asamblea Nacional de Rectores, se ha verificado que de las 28 universidades públicas hay sólo 3 rectoras. En su Galería de Rectores, la Universidad pública Mayor de San Marcos, la más antigua de América, se puede verificar que tras casi 6 siglos de existencia no tenido ninguna rectora y de las privadas, por ejemplo, la Pontificia Universidad Católica del Perú tampoco.

El Doctorado Honoris Causa obedece a una tradición académica y como tradición guarda un simbolismo patriarcal potente pues su carácter androcéntrico hace que sólo se valore sesgadamente la obra de determinadas personas marginando al resto. Esta tradición universitaria desigualitaria por antonomasia nos da una muestra objetiva de su sesgo patriarcal. En La Pontificia Universidad Católica del Perú, de 48 investiduras con el Doctorado Honoris Causa sólo a 3 mujeres se les ha concedido tal honor. Hay mucho que hacer en cuanto a igualdad de mujeres y hombres. La tradición académica es una de esas rémoras que pervive desde el medioevo y que el pensamiento renacentista nacido al margen de las universidades no pudo cambiarlo, tal vez haya llegado la hora de hacerlo con uno de los pensamientos más igualitarios: la teoría feminista, que bebiendo del cartesianismo critica a la tradición y los prejuicios de la razón, del saber y la ciencia. Y, los datos estadísticos de las investiduras de dichos Doctorados así como la conformación de los gobiernos de las universidades demuestran fehacientemente que existe aún usos obsoletos basados en prejuicios en el mundo académico.

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