Los Treinta Años de la Constitución Española de 1978

En España es ya parte de la cultura democrática la realización diversas celebraciones por el aniversario de la Constitución de 1978 la que ayer, el sábado 6 de diciembre, cumplió 30 años. En el Día de la Constitución, un día feriado o festivo, se intenta alcanzar a las nuevas generaciones la materialización de las ideas abstractas que Occidente ha creado para sustentar la democracia. En este día los medios de comunicación, especialmente los públicos, muestran la historia del constitucionalismo de España del siglo XX reivindicando también un punto de inflexión constitucional: la Constitución de 1931 y su repercusión en la sociedad española dividida ideológicamente, hecho que parece ya superado. La forma cómo se difunde a las nuevas generaciones todo el proceso de la Transición Española llama la atención a quienes viviendo en una democracia americana tal vez no han tenido la oportunidad de valorar la convivencia pacífica sobre la base del respeto de valores constitucionales de igualdad, libertad, justicia y pluralismo político. En este día las personas visitan in situ la sede del Parlamento, se realizan lecturas masivas del texto constitucional y, en suma, se crea un ambiente orientado a valorar la democracia y que está logrando perdurar en España. No obstante ello, como suele suceder en la historiografía oficial, hay una serie de datos oficiales que dominan la escena del Día de la Constitución. Por eso, se difunde aquí el artículo de Vicenç Navarro, Los mitos de la transición en donde aclara que fueron las movilizaciones populares, y no el Rey y los reformistas, las que trajeron la democracia. Fue el pueblo español que exigió la devolución de su soberanía que le robaron.

En efecto, se suele considerar acríticamente que fue el actual Rey, Juan Carlos I, el artífice de la democracia española. Éste fue entronizado como jefe de Estado el 22 de noviembre de 1975 tras prestar juramento de respeto a las leyes del régimen totalitario franquista. Junto a él se suele colocar a los reformistas, es decir, a los procuradores del Franquismo que intervinieron en la aprobación de la Ley para la Reforma Política, de 4 de enero de 1977. Estos llamados reformistas eran quienes conformaron las Cortes franquistas. Estas Cortes estaban formadas por representantes del partido único el Movimiento que se sustentó en la ideología fascista; por representantes de la única organización sindical; por los de los municipios y de la familia. En el artículo 10 del Fuero de los Españoles de 1945 se estableció que: Todos los españoles tienen derecho a participar en las funciones públicas de carácter representativo, a través de la familia, el municipio y el sindicato.

La historia “oficial” intenta pues, colocar como iconos de la estabilidad democrática que ahora goza España a personas, individualizando y personalizando un proceso que fue más popular que personal. Pareciera que el Rey y determinadas personas de la derecha que gobernaron con Franco hayan sido las que le hicieron el favor de llevarle la democracia al pueblo español. Esta historia interesada podría acarrear graves daños a una Constitución casi modélica y a un ambiente democrático casi imitable. Pareciera que hay que agradecer a sólo una parte del pueblo por “darle”, por “llevarle” la democracia la resto cuando no es así. Hay que aclarar que el fascismo lo que hizo fue arrebatarle con violencia la soberanía al pueblo español y cualquier persona que cree realmente en la igualdad no hace más que unirse a la realización de un acto de justicia para devolvérselo. No se trata de un favor que se le ha hecho al pueblo español, es la devolución de su poder que le fue robado vilmente. El pueblo exigió que se le devolviese lo que era suyo, nada más. Hay que tomar en cuenta también que en esa época, el contexto económico liberalizado por el gobierno franquista exigía un sistema constitucional puesto que un régimen político fuertemente controlado no le servía al modo de producción que estaba consolidándose. Además, a la élite de la derecha que apoyó el régimen no hacía más que proteger sus intereses económicos. Frente a un grupo de personas privilegiadas política y económicamente estaba una gran mayoría española que vivía en la pobreza y no hacía nada más que exigir sus derechos y aquello que era suyo: la soberanía. Cabe añadir el contexto europeo, pues ya había nacido un constitucionalismo europeo que exigía una Europa unida.

En la historia constitucional oficial, la parte débil siempre acaba siendo la misma, el pueblo español que fue ultrajado nada tiene que agradecer. En el caso de las mujeres, otra parte débil en la medida de que durante el franquismo se le impuso el estatus jurídico de la minoría de edad negándosele sus derechos, sucede lo mismo. Por la incorporación de la  prohibición de discriminación por sexo en la Constitución Española de 1978 las mujeres deben agradecerlo. Como dice la Constituyente Teresa Revilla, madre de la Constitución, las mujeres no tienen por qué agradecerlo, es más, quizás tendrían que pedirles perdón. Del mismo modo, queda pendiente pedirle perdón al pueblo español y acabar con la personalización interesada  del proceso de Transición Democrática. Si no es así, se estará cometiendo el error histórico basado en la intolerancia y la discriminación. No hay que olvidar que la base ideológica del nacionalismo franquista se sustentó en la discriminación racial cuyo fin era acabar con las ideas de izquierdas de una buena parte de la población española. Esta ideología se  inspiró en el racismo del fascismo que asoló a Alemania e Italia. Muchas de las dictaduras hispanoamericanas que violaron los derechos de las personas se apoyaron en dicha ideología. Y, a diferencia de España, Argentina y Chile han intentado evitar su impunidad. Lo mismo está sucediendo en el Perú que desde 2003 ya ha logrado conocer la verdad con el Informe de la Comisión de la Verdad y con el actual proceso a Fujimori.

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