Libertad de información, corrupción y discriminación por sexo en el Perú

El pasado octubre de 2008 un nuevo caso de grave corrupción política –en el seno del gobierno peruano- se puso al descubierto a través de la televisión en la cual se emitieron unas grabaciones en donde políticos del partido Aprista peruano –partido del Presidente Alan García-  negociaban al margen de las leyes estatales la entrega de concesiones de varios lotes para la exploración y explotación petrolera.  Éste es uno de los tantos actos de corrupción escandalosos desde los vladivideos (vídeos de Vladimiro Montesinos que derribó el corrupto gobierno de Fujimori). Tal como explica el Diario Perú21, se hicieron público cuatro grabaciones en audio en las que se escuchan las voces del ex ministro de Pesquería y diputado durante el primer gobierno aprista, Rómulo León Alegría, y del abogado y actual miembro del directorio de la empresa estatal Perupetro, Alberto Quimper Herrera. Una de las principales consecuencias de este caso de corrupción estructural en el Perú fue el alejamiento del economista Augusto Alvarez Rodrich de la Dirección del Diario Perú21. Este hecho fue objeto de un gran drama mediático por la supuesta violación de un derecho fundamental: la libertad de información. A propósito de este hecho, cabe preguntarse si ¿es posible defender este derecho violando o infravalorando el principio-derecho de igualdad?

El citado economista que ejerce la labor –que no la profesión- de  periodista, habría sido obligado a dejar Perú21 porque bajo su dirección se difundió el caso de corrupción aprista de los petroaudios. Ante esto, un sector de la prensa ensalzó los valores de justicia e igualdad de su labor periodística. Fue considerado como un ejemplo a seguir y tanto su salida de Perú21 como su entrada –como nuevo fichaje estrella- en otro Diario ha sido un tema capital en el ámbito político peruano. La impunidad se protegió en la prensa. Corrieron ríos de tinta y se alzaron voces por  esta violación distrayendo y atenuando  los efectos de los petroaudios.  

La libertad de expresión e información  son derechos fundamentales reconocidos en la Constitución Peruana en su artículo 2.4 que señala: Toda persona tiene derecho: A las libertades de información, opinión, expresión y difusión del pensamiento mediante la palabra oral o escrita o la imagen, por cualquier medio de comunicación social, sin previa autorización ni censura ni impedimento algunos, bajo las responsabilidades de ley. Los delitos cometidos por medio del libro, la prensa y demás medios de comunicación social se tipifican en el Código Penal y se juzgan en el fuero común. Es delito toda acción que suspende o clausura algún órgano de expresión o le impide circular libremente. Los derechos de informar y opinar comprenden los de fundar medios de comunicación. Ambos derechos están estrechamente relacionados. La libertad de información está vinculada a los profesionales de la información, es decir, a los periodistas. No obstante, en sociedades donde se ha liberalizado el ejercicio de las profesiones y se ha mercantilizado la cultura e información los economistas, por ejemplo, suelen copar el ámbito de la prensa. Es cierto que la titularidad de este derecho es de todas las personas. Pero en una sociedad como el Perú, invadida por el pensamiento neoconservador, este derecho es ejercitado por una mayoría significativa de defensores de la economía neoliberal. Por tanto, su finalidad: el pluralismo, no se ha alcanzado de ahí que la concepción de los derechos fundamentales en el Perú continúe dominada por la interpretación liberal clásica donde la desigualdad es su base y, a día de hoy, sólo un pequeño sector  de la sociedad peruana  puede disfrutar plenamente sus derechos. No hay que olvidar que el presupuesto jurídico político de  éstos es  el principio-derecho de igualdad.

Hay que tener en cuenta que la información tiene que ceñirse a los valores constitucionales y al respeto de los derechos fundamentales. La Constitución peruana señala que la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado (Art. 1). Reconoce la igualdad como derecho subjetivo cuando dice que toda persona tiene derecho a la igualdad ante la ley y que nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole (Art. 2.2). Añade que el Perú es un Estado democrático y  social (Art. 43) y que el deber primordial del Estado es garantizar la plena vigencia de los derechos humanos o en este caso, los derechos fundamentales (Art. 44) Es necesaria la conexión sistemática de estos preceptos constitucionales con el derecho de información. La interpretación de la Constitución en conjunto nos permite entender que la defensa y garantía de tales derechos debe hacerse en clave social. Ello no sucede en el Perú precisamente porque uno de los instrumentos de formación ciudadana: el derecho de información está monopolizado por las pautas liberales. Estas pautas sólo reconocen la igualdad formal o ante la ley, concepto que ha excluido históricamente a un gran sector de la población del disfrute de los derechos.

A propósito del hecho que se comenta aquí, cabe hacer un comentario crítico constitucional respecto de la labor que realizan alabados Directores de prensa respecto de los valores constitucionales y democráticos. Para ello, sólo hay  constatar de que en Perú21 brillaba y brilla su sección Chica21. En ésta se refleja crudamente la discriminación estructural por sexo. Esta discriminación viola el principio-derecho de igualdad real o material propio de un Estado Social y Democrático tal como lo señala la Constitución peruana. Se trata de una Sección de la prensa donde se infravalora a las mujeres. En secciones como éstas, las mujeres son tratadas como objetos y no como sujeto de derechos, el rol que se le impone es el de personas pasivas sólo susceptibles de ser observadas por el sujeto masculino. Este sujeto consume estas  imágenes y como tal es el sujeto activo en este sistema capitalista y patriarcal. El hombre es concebido como un sujeto superior a las mujeres, de ahí que sea el sujeto activo en la  sección Chica21. Con la utilización de su imagen ellas cumplen un solo rol históricamente establecido unilateralmente en función de su sexo. El hombre, a diferencia de las mujeres, tiene derechos y en este caso derecho a hacer uso de la imagen de las mujeres para mercantilizarlas como un producto propio del placer o goce masculino solamente. Esta atávica idea patriarcal propias de sociedades totalmente desigualitarias pervive aún en el significado que le da el Diccionario de la Real Academia al término gozar: “Conocer carnalmente a una mujer”.

He aquí los roles de género. Los hombres peruanos –cholo, indio, casi blanco,  blanqueado, mestizo, etc, en la Sección Chica21 son iguales- tienen la capacidad de ejercitar el goce creado para su sexo. Ellos en tanto sujeto masculino con derechos pueden y deben disfrutar –aunque sea- observando el cuerpo de esas mujeres. Así el hombre –en este caso peruano- refuerza su rol masculino y en este rol de macho todos se igualan. En el Perú, además, la discriminación étnica o racial es evidente, la desigualdad es profunda. Aún los apellidos siguen evidenciando el origen de las personas lo cual les limita el ejercicio de sus derechos fundamentales. Pero cuando se trata de ejercer su dominio sobre las mujeres, los Rodrichs, los Machucas, los Belaúndes, los Mamanis, los Garcías, Quispes, etc., son iguales. Estas imágenes como producto a consumir permite una igualación de todos los hombres peruanos. Esto no sucede al revés, por ejemplo, no hay imágenes de hombres para ellas. En las sociedades tan machistas como el Perú las mujeres nunca pueden ser iguales. No son iguales todas las mujeres peruanas ni para ser objetos. Y esta desigualdad por sexo se refleja en la prensa  peruana pues, como puede verse, la discriminación racial está presente en imágenes como la que citamos (no caben aquellas mujeres peruanas con rasgos no occidentales). Aquí se refleja la doble discriminación de las mujeres.

¿Llegará el día en que alguna Dirección de la prensa peruana que pregona la igualdad y la justicia considere que las mujeres también son sujetos de derechos? Entre los roles sociales que se le impone a las mujeres está la pasividad, ser dulces,  ser bellas (tener o acercarse a la belleza occidental), así ya lo había impuesto la pedagogía en la Ilustración y así pervive a día de hoy en la mentalidad de los más “preclaros” hombres de prensa salidos del mercado académico. ¿Por qué las personas que ejercen la dirección de la prensa que dicen o intentan ser  justos e igualitarios no reparan que la idea de igualdad tiene que alcanzar a la mitad de la población peruana que son mujeres? ¿Tanto cuesta hacer un ejercicio mental realmente ético? Todas las mujeres peruanas son también sujeto de derechos, deben ejercitar plenamente  sus derechos fundamentales y la puerta de entrada al disfrute pleno de sus derechos constitucionales es el de la igualdad. El principio-derecho de igualdad es un derecho tan básico por lo que resulta preocupante que personas instruidas que dirigen la prensa ignoren el concepto de igualdad real o material por el cual mujeres y hombres tienen la misma dignidad y son iguales en la titularidad y en el  ejercicio de los derechos fundamentales. Por todo ello, cabe recordar la necesidad de integrar el principio de igualdad en las políticas de educación y fomentar la enseñanza sobre el alcance y significado de la igualdad de mujeres y hombres en la enseñanza superior. El reto es conseguir que en el ejercicio de cualquier actividad profesional se contribuya a la construcción de una sociedad realmente igualitaria, una ciudadanía que realmente conozca y crea en los valores democráticos propios de un Estado democrático y social como señala la Constitución peruana.