La utopía boliviana de Morales y el constitucionalismo social iberoamericano

Recientemente, una Bolivia casi invisible está siendo conocida tal cual es en el ámbito internacional. Con la llegada al poder de una persona con rasgos supuestamente diferentes al de la oligarquía, Bolivia está mostrando la cara real de Iberoamérica. Evo Morales por su fenotipo y su origen no es considerado un gobernante capaz por la minoría liberal boliviana. La discriminación racial profundamente arraigada en esa élite ha puesto en cuestión la legitimidad del gobierno de Morales. Esta discriminación le ha servido al pequeño sector “no blanco” y que se autoproclama “no indígena” para mantener sus privilegios. Además, los liberales no están de acuerdo con la política social de Morales porque les recortaría su poder y les igualaría al resto de la población que ellos infravaloran. En estos días la crisis política en Bolivia se agrava, por eso, la Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR), ha convocado para el 15 de septiembre una cumbre de emergencia en Santiago de Chile para debatir la crisis en Bolivia y brindarle apoyo a Evo Morales. Es la primera vez que la UNASUR se ocupa de este asunto. Está por verse su eficacia. Han sido las dos mujeres Presidentas sudamericanas, de Chile y Argentina que la han promovido y es que Bolivia es en realidad la cara verdadera de Iberoamérica.

Para la ciencia jurídica y económica occidental Bolivia es una “rareza”. En la realidad boliviana perviven todos los modos de producción que Occidente universalizó e impuso: el capitalismo que convive con los supuestamente ya superados: esclavismo y feudalismo. El más visible es el capitalismo junto con su constitucionalismo liberal. Así también sucede en muchos otros países de la región latinoamericana. Uno de los sustentos de estos modos de producción es el racismo. En este contexto, democracia y soberanía acaban siendo meras retóricas y, en todo caso, útil para un minoritario sector privilegiado. Así, “indios” o “collas”, denominados así en sentido peyorativo a las personas pobres, se enfrentan a mestizos, “blanquedos” y propietarios, todos bolivianos. Los primeros en la búsqueda de una justa repartición de la riqueza y los segundos con el afán de mantener sus privilegios sustentados en la discriminación racial. Este grupo con poder económico se nutre de un sistema externo que le apoya, el estadounidense.

En los países iberoamericanos, la injerencia de Washington en la política y economía es “casi normal”. Las manifestaciones sobre la política interna de un Embajador estadounidense resultan determinantes para el desarrollo político de cualquier Estado americano. Algunos politólogos europeos lo consideran como una tradición política. La tradición suele ser un argumento fácil para justificar las relaciones de dominación. Las directrices del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial son determinantes también para la configuración del régimen económico constitucional iberoamericano. En esta región, Washington decide también sobre la continuidad o no de los Estados democráticos. ¿Se ha preguntado el constitucionalismo iberoamericano sobre el valor jurídico-político de los documentos desclasificados de Estados Unidos sobre su intervención en el Cono Sur? Con dicha injerencia y con la pervivencia de la discriminación racial se ha venido desarrollando una doctrina jurídico-política acrítica y a partir del gobierno de Morales, estos defectos latentes se han desvelado y se está intentando incorporarlos en el debate constitucional. Por ello, más que nunca, hoy sale a la luz la necesidad de coadyuvar, en la creación de ideas sociales propiamente iberoamericanas y cimentar así su constitucionalismo.

Optimistamente, los hechos políticos en la Bolivia actual significan la construcción de una democracia propia desde abajo, interesada en la erradicación de discriminaciones estructurales como la racial para crear un Estado Social realmente soberano y que es capaz de marcarle límites al abuso de poder de un Estado imperialista. Con las ideas sociales del gobierno de Morales se estarían sembrando la bases de un futuro constitucionalismo social para la región iberoamericana y seguro que reorientarán las reivindicaciones de las poblaciones marginadas como la “indígena”. A partir de ello, estas poblaciones excluidas podrán visibilizar aquello que el liberalismo ha ocultado, las reclamaciones de igualdad real, una igualdad que reconociendo las diferencias, obliga a los poderes públicos a que les dote de herramientas jurídico-políticas para alcanzar el ejercicio pleno de sus derechos fundamentales. Esa igualdad tiene su base en las ideas sociales y seguramente que desde esta Bolivia aprenderemos que un constitucionalismo social iberoamericano es posible. Lo que se afirma aquí, puede ser considerado una utopía, pero, como dice Luigi Ferrajoli, la historia del derecho es un historia de utopías (mejor o peor) convertidas en realidad. Al margen de la eficacia de la Cumbre de la UNASUR, la utopía Boliviana de Morales, en todo caso, es el germen para la creación una doctrina social que tanto necesita el constitucionalismo de Iberoamérica.

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