Igualdad real y redefinición del principio democrático

La Guachimana presenta aquí un artículo relacionado con el espíritu de la Ley Orgánica de Igualdad de mujeres y hombres y su necesaria existencia para perfeccionar una democracia defectuosa: La igualdad de mujeres y hombres: Algunos aspectos de la ley Orgánica 3/2007. Su autora, Jasone Astola Madariaga, señala con mucha razón que ha llegado el momento de que la doctrina del derechos constitucional, compuesta por mujeres y hombres, asuma la tarea de redefinir este principio democrático, legitimador de toda Constitución, como principio externo -es decir, por la manera en que se redacta el texto y se aprueba- y como principio interno -es decir, lo que la Constitución establece sobre su propia legitimidad. Sostiene que las mujeres no estábamos presentes en el Estado debido una mala formulación en inicio del principio democrático que no se ha corregido en estos últimos siglos.

Según la doctrina hegemónica, es decir, la patriarcal, desde finales del siglo XVIII (cuando apareció el constitucionalismo liberal) hasta la fecha, han sido pocos los cambios que hayan significado una gran transformación a la democracia entendida ésta como principio constitucional. Y es que este sector puede que tenga razón si es que percibe a la democracia desde su óptica androcéntrica. Sin embargo, tomando en cuenta que la humanidad está compuesta por mujeres y hombres, no cabe duda que se está produciendo un avance importantísimo de la doctrina feminista constitucional que considera que la pervivencia del derecho constitucional depende de las correcciones que haga a sus defectos y uno de los más grandes defectos es el de no haber considerado a la mitad de la humanidad en los conceptos de soberanía y poder constituyente. En 1791, Olimpie De Gouges en su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana criticó este grave defecto y planteó su corrección en su artículo III: el principio de toda soberanía reside esencialmente en la nación, que no es sino la reunión de la mujer y el hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane expresamente de ella.

En pleno siglo XXI la Ley Orgánica de Igualdad significa una señal de evolución del constitucionalismo español y en general del derecho hispano pues la doctrina española ejerce influencia en el constitucionalismo hispanoamericano. Claro que queda pendiente la reforma constitucional. La tarea de la redefinición del principio democrático está en marcha, las mujeres están haciéndolo a pesar de la gran fuerza que tienen los prejuicios sexistas. En este siglo de grandes cambios, sin duda hay una revolución, la más pacífica: la que reclama la igualdad de mujeres y hombres. Esta revolución está siendo ya la seña de identidad de la nueva era que estamos viviendo. Puede que se avecine un nuevo modo de producción pero de lo que no cabe duda es que el feminismo va a marcar este cambio. El artículo de la profesora Astola nos da la oportunidad de entender la necesidad de los cambios profundos en el constitucionalismo.