Directiva de Retorno del Parlamento Europeo, discriminación, inmigración y corrupción

Europa se ha convertido en el principal destino de la inmigración no deseada, ésta está conformada por aquella población pobre, originaria especialmente de África, que se traslada al viejo continente en busca de mejores oportunidades. La inmigración africana es la más discriminada. Una de las zonas más pobres del planeta es el continente africano, de allí sus habitantes huyen de las guerras, la pobreza y desigualdades por lo que cabe preguntar: ¿Por qué es la región más pobre de la tierra? ¿Por qué su población es discriminada por Occidente?  Las preguntas obviamente tienen una respuesta clara. La discriminación racial fundada en la razón occidental ha consolidado las profundas desigualdades en el mundo y que actualmente podemos constatarlas en el fenómeno de la inmigración no deseada: de la gente pobre y no blanca. De esta gente, la inmigración africana y latinoamericana reciben un trato hostil en Europa y USA respectivamente.  Se trata de una discriminación que se dirige hacia personas con características y rasgos inmutables de las cuales ellas no son responsables como por ejemplo, el color de su piel y demás rasgos biológicos. Un fenotipo diferente al del “hombre occidental” determina su estatus en todos los ámbitos de la vida. Sobre la población extranjera pobre y especialmente de piel oscura tiene que ver el contenido de la reciente regulación de la Unión Europea, se trata de la Directiva de retorno de inmigrantes de 18 de junio de 2008.

Tal como está demostrado, con la razón occidental, a principios de la Ilustración nació un hombre universal que no era ni mujer, ni indio, ni negro esclavo-Francia revocó en 1802 la abolición de la esclavitud votada en 1794-, y que se encarnó en la figura del “varón blanco” único beneficiario de los derechos inalienables cuya defensa se consideraba un imperativo político y moral. (Sophie Bessis. Occidente y los otros. Madrid, Alianza, 2002, p. 39) Con estas exclusiones, las declaraciones “universales” se convirtieron en artefactos jurídicos y su propia abstracción permitió dotarles de sexo y geografía: varón europeo. Desde fines del siglo XIX, Europa se siente en todas partes como en su casa. (Bessis, ibidem, p. 55) Su vocación no es únicamente conquistar y civilizar sino también poblarlo emigrando y exportar la democracia aún con el uso de la violencia, es decir, violando derechos inherentes a la dignidad de quienes no encuadran en ese fenotipo blanco europeo.

A día de hoy, en gran parte del mundo la inmigración blanca es acogida  y hasta dispone de una serie de normas internas  que le protegen ampliamente en cualquier territorio extranjero. Muchas veces su presencia implica graves desigualdades frente a la población autóctona porque el derecho de extranjería no les afecta negativamente y es más, son muchos los gobiernos de países pobres promueven la inmigración blanca dotándole de privilegios. No encuentran limitación alguna en su derecho de circulación por el mundo ni en sus derechos más básicos como sí sucede con la inmigración pobre. Este hecho tiene una justificación implícita en aquella filosofía que durante el siglo XIX selló la razón hegemónica: el racismo. Sus rezagos lo encontramos en la categoría político-jurídica ciudadanía. Mediante ésta se puede llegar a restringir incluso derechos fundamentales propiamente dichos o a aumentarlos según el origen, color de piel y condición económica de las personas, por ejemplo, a una persona extranjera no comunitaria en Europa  se le niega muchos de sus derechos mientras que a una persona extranjera comunitaria se le amplía muchos de ellos. Estas personas conforman la extranjería deseada que, sin duda, responde el prototipo de varón blanco en el cual se incluye a todas las personas blancas o caucásicas. Lo caucásico como "raza superior" fue una idea racista defendida por  Blumenbach y por muchos científicos occidentales del siglo XVIII y que sigue siendo un referente expreso en el derecho de extranjería estadounidense e implícito en el europeo.

El racismo justificador de la desigualdad estructural en el mundo occidental es criticado por quienes creen en una sociedad igualitaria. En el Parlamento Europeo a propósito de la última Directiva sobre inmigración aprobada el 18 de junio del presente, conocida como Directiva de retorno de inmigrantes se ha generado un debate sobre el ejercicio del derecho constitucional de libertad y seguridad personal de la población extranjera no deseada. La crítica se centró en el internamiento de dichas personas en situación irregular hasta un plazo de 18 meses. La Izquierda Unitaria Europea manifestó que la Europa garantista está llegando a su fin. No obstante las voces críticas, según el Parlamento Europeo, esta Directiva significa un primer paso hacia una política común de inmigración. El texto de dicha normativa, promueve el retorno voluntario, introduce normas comunes para el retorno de inmigrantes ilegales procedentes de países no comunitarios, establece estándares mínimos para la retención temporal, con periodos máximos de internamiento, e introduce un enfoque común para la prohibición de reingreso en la UE. Se trata pues, de una normativa que pretende armonizar el procedimiento de retorno respecto al que existe una gran diversidad entre los Estados miembros tanto en la terminología utilizada como en las medidas sustantivas aplicadas al retorno (la duración o las causas que provocan el internamiento temporal, la prohibición de reentrada de los inmigrantes expulsados). Las diferencias en este sentido son tan evidentes como el período de 30 días de detención fijado en Francia hasta el carácter indefinido que tiene la detención en otros socios como el Reino Unido.

Una vez más entra en el debate el derecho de extranjería y la regulación de los derechos fundamentales de aquellas personas extranjeras no deseadas por las sociedades desarrolladas donde la discriminación racial o étnica delimita las concepciones de soberanía y ciudadanía. Esta discriminación por ser una construcción social puede erradicada. Por ejemplo, mediante la aplicación de las leyes de extranjería y su  referente, esta Directiva, la limitación de derechos se atenúa cuando se trata de una inmigración no occidental que cuenta con un patrimonio económico capaz de facilitarle su integración. Así, existe una minoría extranjera no occidental entre las que se encuentran las familias de ex gobernantes, de la oligarquía y actuales políticos  corruptos que no son discriminadas porque cuentan con un patrimonio obtenido del abuso de poder en los países pobres. Esta situación nos lleva a preguntarnos ¿cuál es la propuesta de los actuales gobernantes de los países pobres productores de una gran masa de inmigración aparte de manifestar su desacuerdo con la Directiva? La prensa informa que los países miembros y asociados del Mercosur manifestaron hoy en una declaración formal su "profundo rechazo" a la nueva política inmigratoria de la Unión Europea y urgieron a respetar los derechos humanos ante los intentos de criminalización de la migración irregular.

La mayoría de los gobiernos de los países generadores de una inmigración pobre son corruptos y su responsabilidad como gobernantes y como personas que abusan del poder escapa al derecho. El derecho no ha regulado el castigo a la corrupción política. Dada la impunidad nacional e internacional, la clase política irresponsable que se ha enriquecido durante el ejercicio del poder político viven en Europa o en Estados Unidos casi integrados social, económica y políticamente mientras que la población que gobiernan o gobernaron mediando la corrupción se ve obligada a emigrar hacia zonas donde se supone las democracias son más reales y hay más oportunidades. Pero estas democracias desarrolladas y generosas lo son sólo para su ciudadanía y para aquel grupo extranjero capaz económicamente.

Sería oportuno hacer una crítica constructiva desde ambas perspectivas para encontrar alternativa para la solución del problema de la inmigración no deseada que es en sí el producto de la discriminación racial. Esta crítica debe alcanzar tanto a los gobernantes corruptos de los países pobres y a quienes indirectamente, mediando un derecho de extranjería basado en derechos patrimoniales, ocultan la corrupción política del mundo pobre. La doctrina del derecho de extranjería no ha logrado desvincularse de los lastres de la discriminación racial. Al respecto, traemos aquí el artículo Auge y caída de las teorías racistas de George M. Fredrickson donde hace un breve resumen de la historia del racismo y cómo actualmente los estudios de la población por parte de la bioética podrían ser útiles para demostrar hasta qué punto nuestro material genético es el mismo y refutar la creencia corriente de que algunos grupos son “genéticamente” más inteligentes y avanzados que otros. El derecho constitucional debería interesarse en la bioética para integrar los avances del derecho antidiscriminatorio.  

Puedes ver aquí el contenido del Informe del Parlamento Europeo: Directiva de retorno de inmigrantes a fondo.

Aquí puedes ver el texto de la Directiva.

Puedes leer el articulo aquí: