La normalidad como meta

Autora: M.ª del Mar Esquembre

Una colega de la UNED me contaba el pasado lunes que al día siguiente no la podría localizar en el teléfono de su despacho porque celebraban un homenaje a las rectoras de las universidades públicas españolas. Pues será corto, pensé, porque de las 48 universidades públicas sólo 3 tienen actualmente rectoras; pobre balance si tenemos en cuenta que el acceso a la educación superior se autoriza en España definitivamente a las mujeres en 1910. Pero no. Las homenajeadas fueron 10, el número total de mujeres que han llegado a ser rectoras en el sistema público de universidades hasta hoy. La primera rectora (en 1982, de la UNED, por más señas) fue Elisa Pérez Vera, actual magistrada del Tribunal Constitucional. Curiosamente llegó a ser la máxima autoridad debido a una exclusión por ser mujer, pues la carrera diplomática, que era su deseo, estaba vedada a las mujeres. Lo mismo le pasó a Rosa Virós, ex rectora de la Pompeu Fabra, que tuvo que renunciar a la judicatura, profesión reservada a los varones en España hasta 1966, por haber nacido mujer. Eso la decidió a dedicarse a la Universidad, aunque a punto estuvo de no ser catedrática porque un miembro del tribunal de la cátedra a la que optaba le dijo que a los 50 años ya era demasiado mayor y que no le hacía falta ser catedrática porque ya lo era su marido. Otras, a las que me consta les han hecho comentarios similares, no han tenido esa suerte.

Si tenemos en cuenta que el porcentaje de catedráticas se mantiene, casi desde los ochenta, en torno al 12%, no es extraño que sólo 3 mujeres sean rectoras. Y es que la cátedra es, por si no lo sabían, requisito imprescindible para acceder al rectorado. Y también, entre otros cargos y honores, para protagonizar solemnes actos académicos, como las lecciones inagurales de curso. En la Universidad de Alicante este curso 2008/09 ha sido una mujer, Mª Angeles Martínez Ruiz, la elegida para tan solemne acto; será la tercera desde que comenzamos con esta tradición en 1981 (hagan cuentas). Lástima que quien se lleva el protagonismo sea Mario Vargas Llosa, pues su investidura como doctor honoris causa por la Universidad de Alicante ha tenido lugar en el mismo acto. Por cierto, que para esta alta distinción no se requiere la condición de ser catedrático o catedrática. No hay requisitos "escritos" establecidos y, sin embargo, parece que el porcentaje es irrisorio. En la Universidad de Alicante, sólo una mujer ha sido investida doctora honoris causa frente a 59 hombres. Mientras el acceso de las mujeres a la máxima autoridad del saber se pueda contar, como es todavía el caso, como excepción, es que queda bastante camino para llegar a la meta, que no es otra que la normalidad, donde los porcentajes de ambos sexos se aproximen como reflejo de la realidad.

 Publicado originalmente en Diario Información, 28 de septiembre de 2008.

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