Corrupción inmobiliaria y corrupción política. Siete axiomas sobre el golpe de Estado “constructivo”

Autor: Manuel Alcaraz

1.- La actitud de muchos políticos valencianos, sobre todo del PP, pero no sólo del PP, es muy constructiva, pero moralmente muy poco edificante.

2.- Para muchos constructores su primera actividad consiste en construir una mayoría municipal acorde con sus intereses.

3.- En algún momento del pasado florecieron los caciques: hombres que por su poder económico e influencia determinaban mayorías y, sobre todo, contaban con la capacidad de extorsionar a los posibles poderes democráticos. Vuelve la figura: el nuevo cacique dispone de dos recursos básicos para la extorsión: la necesidad de empleo y de vivienda. Su séquito, al igual que en el pasado, se compone de técnicos, abogados y periodistas. Eso sí: han perdido la afición a la hípica en favor de la náutica. Quizá sea un ejemplo de la “modernidad líquida” de la que hablan los sociólogos.

4.- Creo que fue Marx quien dijo que el concepto de capitalismo generoso, o algo similar, tiene la misma consistencia semántica que el de “hienas piadosas”. A eso me recuerda la opinión de los que defienden –o se niegan a condenar- el modelo de especulación urbanística basada en la desmesura y, a la vez, lamentan los fenómenos de corrupción. Mientras exista ese modelo existirá corrupción, ya que el capitalismo tiende a maximizar sus beneficios y, en ese panorama permisivo, los beneficios se maximizan recurriendo a diversas prácticas que implican corrupción moral o/y jurídico-penal.

5.- Que el modelo especulativo miente –en ese hecho está el germen de toda la corrupción- encuentra su mejor prueba en que, acabado el ciclo alcista de diez años, las necesidades de vivienda permanecen.

6.- Como el incremento del beneficio, en algunos municipios, es directamente proporcional a la capacidad de los promotores para extorsionar, podemos comprobar casos en los se vive en una situación de permanente y narcótico golpe de estado. Al menos en cuatro sentidos: la voluntad popular tiende a ser irrelevante, la participación social decae, los intereses privados priman sobre los públicos y lo que no genera beneficio inmediato es subalterno.

7.- La medida del éxito de los corruptos y corruptores consiste, primero, en que tales caracteres sean intercambiables, y, segundo y principal, en conseguir la complicidad de la población, que pasa, insensiblemente, de la sospecha, al convencimiento de que todos lo protagonistas de la vida pública “son iguales”: esta inesperada forma de igualdad es venenosa para la izquierda, aunque algunos políticos de la izquierda no lo entiendan.