Antisistema o macarthismo: Violación de derechos constitucionales

Rocío Silva Santisteban, describe muy bien cómo a quien es de izquierdas, en la sociedad peruana, se le señala con el dedo acusador antidemocrático como una persona anti-sistema. Considera acertadamente a esta violencia contra la libertad de pensamiento como una actitud maniquea que opera bajo la lógica del autoritarismo, del patronazgo, de una democracia débil y lábil. Por su parte, Alberto Adrianzén denomina macarthismo a esta grave situación que se vive en el Perú. Considera que cualquier persona peruana tiene todo el derecho a preguntarse hasta dónde se piensa llevar esta campaña, por ejemplo la absurdamente antichavista, “que solo busca la descalificación del adversario político. Es decir, cuál es el límite que debe existir en todo juego democrático. ¿O creen la derecha, el fujimorismo y el gobierno que para ellos no hay límites?” Adrianzén continúa con ejemplos de evidentes acciones y actitudes antidemocráticas y hay en su artículo una frase que pone sobre el tapete la cuestión terrible a la que nos referimos: “Ya no solo se trata de investigar, de levantar malsanas sospechas o perseguir sino ahora de excluir; es decir, de negarle al opositor –que es distinto– la posibilidad de existir políticamente.”

Desde las ciencias sociales en general, el ser de izquierdas y su legitimidad se queda (para el beneficio de la derecha y gobernantes corruptos), en meras terminologías y en solitarias denuncias sociales. Esto trae como resultado un enorme análisis sociológico de dicha situación cuyos resultados en cierto modo favorece a los violadores de los derechos de la población peruana. Les favorece en el sentido que posteriormente, con el paso del tiempo, estos sujetos autoritarios y corruptos pasan a engrosar las filas del mundo académico.

Desde el punto de vista jurídico, hay que recordar que esta situación que se vive en el Perú tiene que ver con la responsabilidad de los poderes públicos pues más que "campañas" se trata de una permanente violación de los derechos fundamentales de las personas. Es aquí donde radica su gravedad. Todas las personas tienen derecho por su dignidad a manifestar libremente su forma de pensar, toda persona tienen derecho a tener ideas críticas y exponerlas pues el concepto de democracia incluye el pluralismo político e ideológico. La oposición tiene derecho a existir por principio democrático. Tener ideas sociales, propender con nuestro pensamiento hacia la construcción de un estado social, hacia la erradicación de desigualdades no es delito. Son derechos que hay que defender porque es constitucional. Lo que es anticonstitucional es la violación de estos derechos por parte de quienes tienen el poder político y económico. Esto debe quedar claro de una vez. Que alguien comparta las ideas socialistas de Chavez está en su pleno derecho; quien considere que la revolución cubana liderada por Fidel Castro aportó de alguna manera en la política mundial tiene todo el derecho de hacerlo; quien considere que hay que luchar por la igualdad real, es decir, de mujeres y hombres está coadyuvando a una democracia más real y no es delito pensar así; la persona que crea y escriba que el neoliberalismo le hace daño a la consecución de la justicia social y que es necesario construir un estado que intervenga en la sociedad para suprimir desigualdades está ejerciendo su derecho a su libertad ideológica y de expresión y es constitucional. Quien cree en ideas diferentes a las hegemónicas no hace nada más que ejercer un derecho constitucional. No está demás revisar lo que dice Eguiguren sobre lo que reconoce la Constitución sobre las ideas económicas socialistas en nuestra Constitución cuando señala que los fundamentalistas neoliberales nos hacen creer en concepciones que la Constitución no reconoce: “Colocan la defensa del mercado por encima de valores constitucionales superiores, como el bien común, la dignidad de la persona, la justicia y solidaridad social, la protección de consumidores y usuarios, sobre todo de los más pobres. (...) La economía social de mercado supone una postura intermedia entre el dogma capitalista del mercado y el controlismo estatista marxista. Es tiempo de aclarar las cosas y evitar que continúe este contrabando interesado, no solo porque así lo dice la Constitución, sino también porque es la posición asumida por la inmensa mayoría del electorado nacional.”

El ser de izquierdas y tener ideas sociales en este siglo encierra un concepto que no le gusta al neoliberalismo:la solidaridad. No hay que tener miedo a pensar diferente y criticar el sistema ya que el pensamiento crítico y plural es constitucional, es la esencia de la democracia. Hay que revisar la Constitución cuando nos quieren impedir el ejercicio de nuestros derechos. El pueblo oprimido por el exacerbado capitalismo debe conocer su Constitución, es su arma. Lo opresores y quienes usan mal el poder también deben conocerla para poner sus barbas en remojo.